Lámina | BAJO TIERRA DEL CERRO RICO
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Sobre la ilustración
«Allá en la época colonial, la plata de Potosí fue, durante más de dos siglos, el principal alimento del desarrollo capitalista de Europa. Vale un Potosí, se decía, para elogiar lo que no tenía precio. A mediados del siglo dieciséis, la ciudad más poblada, más cara y más derrochona del mundo brotó y creció al pie de la montaña que manaba plata. Esa montaña, el llamado Cerro Rico, tragaba indios. «Estaban los caminos cubiertos, que parecía que se mudaba el reino», escribió un rico minero de Potosí: las comunidades se vaciaban de hombres, que de todas partes marchaban, prisioneros, rumbo a la boca que conducía a los socavones. Afuera, temperaturas de hielo. Adentro, el infierno. De cada diez que entraban, sólo tres salían vivos. Pero los condenados a la mina, que poco duraban, generaban la fortuna de los banqueros flamencos, genoveses y alemanes, acreedores de la corona española, y eran esos indios quienes hacían posible la acumulación de capitales que convirtió a Europa en lo que Europa es. ¿Qué quedó en Bolivia, de todo eso? Una montaña hueca, una incontable cantidad de indios asesinados por extenuación y unos cuantos palacios habitados por fantasmas.» (Eduardo Galeano. El país que quiere existir).
En mi paso por Bolivia, visité Potosí, tuve la oportunidad de entrar a las profundidades del Cerro Rico, ese cerro del que salió toda esa plata que volvió locos a los españoles y revolucionó el mundo entero. Hoy sigue en activo produciendo algo de plata y otros minerales, y con él se mantiene gran parte de la economía de la actual Potosí. En las profundidades del cerro, un ex minero que nos contó gran parte de su historia, la suya y la de Bolivia. Una historia triste, una historia llena de muertes y hombres que enferman y mueren muy jóvenes por los gases que respiran o porque alguna explosión o derrumbe acaba matándolos. Una historia llena de cultura donde en cada pasillo, del éxito de los mineros se encarga “el Tío”, su deidad, una figura humana con cabeza de diablo al que se llevan ofrendas como hojas de coca, alcohol o cigarrillos para que haya suerte en la excavación. Es el encargado de la seguridad de los mineros y por eso conviene no enfadarlo.
Historias que te sensibilizan, que te marcan, historias que te envuelven por donde vayas, historias de America latina que duelen y necesito dibujar.
Gracias por apoyarme como artista, tu pedido significa mucho para mi. Espero que la disfrutes.
DESCRIPCIÓN
Tamaño: 20 x 28 cm. |29 x 40 cm.
Gramaje: 300gr.
Tipo de papel: Ilustración






