En mi paso por Bolivia, visité Potosí, tuve la oportunidad de entrar a las profundidades del Cerro Rico, ese cerro  del que salió toda esa plata que volvió locos a los españoles y revolucionó el mundo entero. Hoy sigue en activo produciendo algo de plata y otros minerales, y con él se mantiene gran parte de la economía de la actual Potosí.  En las profundidades del cerro, un ex minero que nos contó gran parte de su historia, la suya y la de Bolivia. Una historia triste, una historia llena de muertes y hombres que enferman y mueren muy jóvenes por los gases que respiran o porque alguna explosión o derrumbe acaba matándolos. Una historia llena de cultura donde en cada pasillo, del éxito de los mineros se encarga “el Tío”, su deidad, una figura humana con cabeza de diablo al que se llevan ofrendas como hojas de coca, alcohol o cigarrillos para que haya suerte en la excavación. Es el encargado de la seguridad de los mineros y por eso conviene no enfadarlo.